Cuando me haces el amor

Me gusta cuando me haces el amor:
 
Cuando sonríes
apenas nos vemos de mañana.
Cuando pintas tus labios
de rojo o de ladrillo.
Cuando ríes o me llamas por mi nombre
y apellido.

Cuando das la espalda (sabiendo que te miro)
y te pones un sostén.
Cuando cantas: Mírala, Míralo
de Alejandra Guzmán.
Cuando rozas con tus manos
mi cuerpo desvestido.

Cuando adrede y sin recato
descuidas tu pudor.
Cuando sales de la ducha
desfilando tu candor.

Cuando lanzas ese bizz bandido
y después tú bata de seda.
Cuando duermes boca abajo
y levantas tus caderas.

Cuando hurgas con tus dedos
lo que escondo en mi bragueta.
Cuando a media noche busco y descubro
que no llevas pantaleta.

Cuando dices en mi oído, en voz baja:
tengo ganas…

Lo demás…
Lo demás es un polvo.

Lugh Landrus

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Esta habitación…

Esta habitación, nuestra por un rato, sirve de improviso para juntar deseos de fieras bien domadas. En el fondo se refugian nuestros miedos; allí están, y al correr las horas han quedado rezagados en una tarde simple de un encuentro inesperado.

Pronto tu piel desnuda se adueña de las sábanas blancas, y la luz de un rayo de ventana se cuela entre las sombras para cortar con filo iluminado tu costado en sendas porciones de esplendor. Al norte un seno atrevido y relajado, cómplice del juego, ha quedado al descubierto. Al sur tus glúteos bien formados en dos terrazas de piernas, una recogida y otra estirada, esconden tu carnada en una escena sin pudor. Y en tu cara, una sonrisa ligera de labios recién pintados me transporta a glorias ya olvidadas; mientras, se desata por mis venas un torrente de rubí que va llenando para ti la promesa de un alfil que quiere ahogarse hasta morir. Toda tú, abandonada a mis designios, arrojas en silencio una mirada de espera y a la vez una señal inquisidora.

Uhmm!  Y por si no entendiera tu llamado, tu mano ágil y amorosa se pierde en rutas conocidas dejando entrever un “ritornelo” de caricias ocultas que me invitan, quizás, a que siga tu proyecto con la misma fiel destreza con que atizas tus adentros.

Comenzaré siendo el hombre que deseas para ser luego todos los hombres que necesitaras en un instante.

Lugh Landrus

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No te vayas

Apenas unos minutos y ya te vas.
 
Volver a encontrarme con ese gesto tan tuyo
de apartar el cabello antes de exponer la mejilla
para que la bese.
 
Y esa sonrisa que me cuesta tanto olvidar.
Una sonrisa única que lleva el sello de tus labios.
Labios de embrujo,
de pociones húmedas donde se fraguaron para mí
cientos de besos: divinos besos.
 
Has cambiado.
Hay más piel en tus senos.
Mas confiada tu mirada y
se nota has madurado.
 
No debería mirarte así, no es prudente;
pero, cómo evitar no volver a tus caderas,
recordar las tantas veces que estreché tu cuerpo
y te atraje con mis manos.
Es inevitable repasar aquellos juegos íntimos
cuando a solas imitábamos figuras de Utamaro.
 
¡Dios, cuanto tiempo deseé volver a verte!
Y aquí estas…
Ahora cada cual ha hecho su camino.
A su manera, a su suerte.
 
Hablamos…
Hablamos de nada,
palabras van, palabras vienen,
las mismas preguntas de siempre.
Mientras yo, desdoblado en un personaje casi olvidado,
pienso en lo que fueron aquellos días,
horas tras horas una idea fija, 
como si pensarte iba a evitar perderte…
 
Ya te vas.
Cómo pedir un imposible para que te quedes.
 
Cuáles son las palabras exactas para no comprometer mi orgullo,
salvar la compostura
para no descubrirme como el niño que se asusta
al sentir que se ha quedado solo.
¡Cómo podría decirlo!

Si pudieras adivinar lo que dicen mis ojos: ¡No te vayas!
 
Y sin embargo,
se acaban los minutos, es inminente tu partida.
Solo queda afrontar de nuevo tu ausencia infinita.
 
Si pudiera pedirle tiempo al tiempo
para que no termine nunca este momento.
 
Si pudiera pedirle silencio al silencio
para no escucharte pronunciar el adiós inexorable
que dará final a este encuentro.
 

Lugh Landrus

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Así de repentino

I
Este amor cayó como granizo de noviembre,
se me vino como tromba, de repente.
Ha hecho carpa sin aviso
y se ha instalado de improviso.
 
Este amor, tan repentino,
se entrega sin cuestiones
y se esconde de preguntas.
Se calla los secretos
que grita en su adentro
con  un ruido clandestino.
 
Este amor me ha mostrado el paraíso;
me ha tentado con sus artes de volar
como lo hacen las gaviotas vagabundas,
repitiendo sin cansancio su ruta por la mar.
 
Se alimenta de sueños y de promesas
y se aferra con clavos de esperanza.
Es un torrente de ganas maltratadas
que se escapan con crudeza.

II 
Encontrarnos a hurtadillas por las tardes.
Mirarnos a trozos antes del alba
y poco a poco descubrirnos en detalles.
 
¡Ven!
Quiero probar las ganas
que traes de la calle;
recogerlas como pan perdido
y tragarlas con el hambre
de un gigante;
comer tus dulces más dulces
y beber lo prohibido;
hartarme de tus carnes,
y al final: morir hincado,
lerdo y abatido.

III
Así llegó una mañana este amor.
Será tan breve como un lirio,
flotará sobre mis aguas
y se agotará con el día.
¡Así de repentino se irá, así!
Igual que como vino.
 

Lugh Landrus

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Desde el malecón

Bajo este sol encendido,
ardiente como hoguera,
destejo sueños frente mar:
repitiendo pasos ya perdidos.
 
Parado sobre cientos de escolleras,
me pregunto a cada instante:
 
Cómo hacen aquellas piedras de mar
para soportar todo el día
el acoso de olas atorrantes?
Cómo lo hacen
sin siquiera inmutarse?
Y si fueran recuerdos
que una y otra vez
vinieran a golpearles?
 
Cómo hace aquel viejo alcatraz,
flotando perezoso
para no dejarse llevar
por las aguas caprichosas,
bajo este sol inclemente
sin siquiera perturbarse?.
Y si fueran recuerdos
los que vinieran a quemarle?
 
Cómo hace el mar
para contener  la playa
en contra del obstinado viento,
entre el horizonte y la arena?
Cómo hace que las naves desde lejos
se vean tan pequeñas?
Y si fueran recuerdos inmensos
con iras de gigantes?
 
Cómo hace el faro,
frente a las tormentas belicosas
para no dejar de alumbrar cada noche?
Y si fueran recuerdos desvelados
que vinieran como oscuros vengadores?
 
¿Cómo lo hacen?
 

Lugh Landrus

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Sueños contra balas

¿Qué me dices?
 
Qué me dices
de esas miles de gargantas,
roncas, hartas de gritar,
una y otra vez
graffitis de la libertad.
 
Qué me dices
de claveles pisoteados,
prendados a mudos policías.
Fuerzas arrogantes
contra anhelos aherrojados.
Llanto contra ira.
 
Qué me dices
de esos pájaros rebeldes
cuyos sueños hechos de cristales
han sido mancillados
en barrotes criminales.
 
Qué me dices
de los gritos desgarrados,
de los llantos derramados
sobre un sueño ya sin alma.
 
Armas despiadadas
contra almas desveladas.
Balas contra sueños
frente a una barricada.
 

Lugh Landrus

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Mirando tu foto

Es una foto espléndida.
Tu sonrisa retenida está hecha a tu medida.
Me gusta la quietud de tu sonrisa
en esos labios pintados,
parece que aún no la terminas.
Tus labios, tu sonrisa.
Tantas alegrías idas, tantos si quedados!
 
Tus ojos claros y serenos casi muestran tus secretos.
Y tus cabellos sueltos se han colgado de la brisa.
Tus ojos, tus cabellos.
Tantos sueños se han hilado!
 
Tu cara se ha hecho más mujer
y tus labios mullidos me recuerdan
aquellos besos largos
que forjaron nuestro ayer.
Tus labios, tus besos.
Tantos años han pasado!
 
Tus manos, pálidas,
parecen hechas de mármol derretido.
Creo abordar tus dedos de cera
y manosear tus manos lisas
y brillantes.
Son tan fuertes y tan débiles,
y sin embargo,
una vida te han labrado.
Tus dedos, tus manos.
Tantas caricias, tanto te han dado!
 

Lugh Landrus

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Te prohíbo, amiga…

Te prohíbo, amiga, te prohíbo.
 
Te prohíbo, me enamores.
Te prohíbo me muestres tus candores.
 
Te prohíbo esculques
en mi alma ya desnuda.
Te prohíbo me hables
con palabras de Neruda.
 
Te prohíbo enloquezcas
con sonrisas
mi falta de cordura.
 
Te prohíbo cantes
con promesas de sirena.
Te prohíbo cuentes
mis besos por docena.
 
Te prohíbo des un paso
y acerques tus labios a los míos.
Te prohíbo camines con alteza,
con aplomo y desafió.
Te prohíbo que me llames
para nada o por hastío.
 
Te prohíbo como amigo…
Deja que tu amor sea tuyo
y el mío, solo mío.
 

Lugh Landrus

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Tres gotas de tequila

Llovía; prometía ser una tarde de chaparrones. Corría mayo por las calles inundadas, atrás quedó un verano de ausencias. Fue el primer encuentro después de mi traición.

Bebíamos para olvidar. Bebíamos sin recordar. Terminamos dos botellas: una de tequila y otra vieja de ron.

Un vaso abandonado contaba tres gotas de tequila. Tenía pintados tus labios, rojo fuerte, con ribetes de sal y de limón.

Tomé el vaso y entre risas abrí tu boca, dejé caer cada gota una detrás de otra. Tres gotas esparcidas, desaparecidas en acción. Eran tres gotas de tequila, sal y limón.

Entonces fuiste mansa a mis caricias, bordeé tus labios con mi dedo y busqué las formas redondeadas debajo de tu camisón. Tu aliento vino a mí y en ese único beso descubrí: nunca fue sincero tu perdón.

 

Lugh Landrus

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Pequeños

Pequeño.
Todo lo nuestro fue pequeño.
 
Pequeños los instantes
de aquellas noches de septiembre.
Hablábamos de nada
recostado yo en tu vientre.
 
Pequeños aquellos grillos saltarines
que acudían en las noches con sus cantos.
Se aferraban a tus jeanes
y envidiaban tus encantos.
 
Pequeños los pinos aquellos
que servían de escondite y a veces de cobijo
mientras juntábamos secretos
y frases al oído.

 
Pequeños los senderos
que recorrían  mis dedos.
Se adueñaban de tu ropa
después de un primer beso
y lo hacían con esmero,
mientras yo libaba el dulce de tu boca.
 
Pequeños los resquicios de tu cuerpo
que quedaban sin caricias.
Pequeños los sueños
que agotábamos de prisa.
Pequeñas las promesas
que jurábamos con risas.
 
Pequeños los lunares de tus labios
pintados de alhelíes,
hacían de mis besos libar siempre
como hambrientos colibríes.
 
Así fue nuestra historia toda,
así de pequeña y loca.
Así eran tus senos,
tan dulces y pequeños
que cabían en mi boca.
 

Lugh Landrus

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