Mar Rojo

A veces, en esas noches amparadas por la luz tenue de una bombilla desnuda, siento que mi habitación es una isla en un mar de silencios, es cuando vienen estas ganas de ti; recuerdo entonces tus juegos atrevidos y pienso en las imágenes que tus palabras dibujaban al pie de mis oídos. Aquellas  frases  de crudas confesiones descendían por mi piel sin atajos inflando por su ruta la punta de mis venas. Ahora esos recuerdos pululan escondidos en mi mente, son aquellos encuentros furtivos donde gozaba de tu excitación y de la trama secreta de lujuria que urdían nuestros cuerpos.

Recuerdo la noche que me senté en el borde de tu cama y te pedí bailaras para mí. Pronto la picardía y diversión fue dando paso a tu mejor actuación. Tus caderas descendían  con cadencia aprendida mientras tus brazos se elevaban simulando caricias al viento. Simulaste lanzar un sombrero y poco a poco dejaste salir tu desnudez desde un vestido ocre y ligero; parecías una crisálida emergiendo  con su danza lujuriosa desde el cáliz de una flor esplendida en pleno medio día mostrando así su cuerpo liberado, cincelado a propósito para una virgen mil veces sometida por los caprichos exquisitos de un travieso eros…

Aún siento la suavidad de tu pubis velludo y aún mis dedos guardan la sensación dejada por las texturas de esos  vellos retorcidos y de aquella dragada comisura descendente. Sobre la pálida seda  de tus piernas mis caricias avanzaban entre aguas con el cuidado de un experto marinero resistiendo las bravuras del viento para no ahogarse tan pronto en la más oscura ensenada de tu adentro, en el resquicio naciente de tu libido, demoraba así el embate final de un mar rojo que se abría con la furia de un remolino profundo y un calor tremendo.

Lugh Landrus

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Cuando me haces el amor

Me gusta cuando me haces el amor:
 
Cuando sonríes
apenas nos vemos de mañana.
Cuando pintas tus labios
de rojo o de ladrillo.
Cuando ríes o me llamas por mi nombre
y apellido.

Cuando das la espalda (sabiendo que te miro)
y te pones un sostén.
Cuando cantas: Mírala, Míralo
de Alejandra Guzmán.
Cuando rozas con tus manos
mi cuerpo desvestido.

Cuando adrede y sin recato
descuidas tu pudor.
Cuando sales de la ducha
desfilando tu candor.

Cuando lanzas ese bizz bandido
y después tú bata de seda.
Cuando duermes boca abajo
y levantas tus caderas.

Cuando hurgas con tus dedos
lo que escondo en mi bragueta.
Cuando a media noche busco y descubro
que no llevas pantaleta.

Cuando dices en mi oído, en voz baja:
tengo ganas…

Lo demás…
Lo demás es un polvo.

Lugh Landrus

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Esta habitación…

Esta habitación, nuestra por un rato, sirve de improviso para juntar deseos de fieras bien domadas. En el fondo se refugian nuestros miedos; allí están, y al correr las horas han quedado rezagados en una tarde simple de un encuentro inesperado.

Pronto tu piel desnuda se adueña de las sábanas blancas, y la luz de un rayo de ventana se cuela entre las sombras para cortar con filo iluminado tu costado en sendas porciones de esplendor. Al norte un seno atrevido y relajado, cómplice del juego, ha quedado al descubierto. Al sur tus glúteos bien formados en dos terrazas de piernas, una recogida y otra estirada, esconden tu carnada en una escena sin pudor. Y en tu cara, una sonrisa ligera de labios recién pintados me transporta a glorias ya olvidadas; mientras, se desata por mis venas un torrente de rubí que va llenando para ti la promesa de un alfil que quiere ahogarse hasta morir. Toda tú, abandonada a mis designios, arrojas en silencio una mirada de espera y a la vez una señal inquisidora.

Uhmm!  Y por si no entendiera tu llamado, tu mano ágil y amorosa se pierde en rutas conocidas dejando entrever un “ritornelo” de caricias ocultas que me invitan, quizás, a que siga tu proyecto con la misma fiel destreza con que atizas tus adentros.

Comenzaré siendo el hombre que deseas para ser luego todos los hombres que necesitaras en un instante.

Lugh Landrus

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Así de repentino

I
Este amor cayó como granizo de noviembre,
se me vino como tromba, de repente.
Ha hecho carpa sin aviso
y se ha instalado de improviso.
 
Este amor, tan repentino,
se entrega sin cuestiones
y se esconde de preguntas.
Se calla los secretos
que grita en su adentro
con  un ruido clandestino.
 
Este amor me ha mostrado el paraíso;
me ha tentado con sus artes de volar
como lo hacen las gaviotas vagabundas,
repitiendo sin cansancio su ruta por la mar.
 
Se alimenta de sueños y de promesas
y se aferra con clavos de esperanza.
Es un torrente de ganas maltratadas
que se escapan con crudeza.

II 
Encontrarnos a hurtadillas por las tardes.
Mirarnos a trozos antes del alba
y poco a poco descubrirnos en detalles.
 
¡Ven!
Quiero probar las ganas
que traes de la calle;
recogerlas como pan perdido
y tragarlas con el hambre
de un gigante;
comer tus dulces más dulces
y beber lo prohibido;
hartarme de tus carnes,
y al final: morir hincado,
lerdo y abatido.

III
Así llegó una mañana este amor.
Será tan breve como un lirio,
flotará sobre mis aguas
y se agotará con el día.
¡Así de repentino se irá, así!
Igual que como vino.
 

Lugh Landrus

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Pequeños

Pequeño.
Todo lo nuestro fue pequeño.
 
Pequeños los instantes
de aquellas noches de septiembre.
Hablábamos de nada
recostado yo en tu vientre.
 
Pequeños aquellos grillos saltarines
que acudían en las noches con sus cantos.
Se aferraban a tus jeanes
y envidiaban tus encantos.
 
Pequeños los pinos aquellos
que servían de escondite y a veces de cobijo
mientras juntábamos secretos
y frases al oído.

 
Pequeños los senderos
que recorrían  mis dedos.
Se adueñaban de tu ropa
después de un primer beso
y lo hacían con esmero,
mientras yo libaba el dulce de tu boca.
 
Pequeños los resquicios de tu cuerpo
que quedaban sin caricias.
Pequeños los sueños
que agotábamos de prisa.
Pequeñas las promesas
que jurábamos con risas.
 
Pequeños los lunares de tus labios
pintados de alhelíes,
hacían de mis besos libar siempre
como hambrientos colibríes.
 
Así fue nuestra historia toda,
así de pequeña y loca.
Así eran tus senos,
tan dulces y pequeños
que cabían en mi boca.
 

Lugh Landrus

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Ese vello solitario

Ese vello solitario.
Anclado en la rivera de tu sexo.
Dueño y señor de la orilla.
Incólume en el tiempo.
Logró salvarse de la hojilla.
 
Ese vello solitario.
Amable celosía.
Anfitrión de promesas olorosas.
(Umm! Me recuerda el olor de caracolas
y el aroma de lozanas ninfas
con formas de alegres mariposas).
 
Ese vello solitario.
Navegante en las crecidas de tus flujos.
Alfil de tus efluvios.
Negro montaraz en aquelarre de brujos.
 
Ese vello solitario.
En pie de monte, vigilante eunuco.
Héroe de audaces forcejeo.
Abre boca de pieles sin luto.
 
Ese vello solitario.
Guarda oleos de esencias escondidas.
Testigo eterno,
testigo silencioso.
Centinela fiel de tu gruta encendida.
 
 

Lugh Landrus

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Caminaba

Caminaba,
caminaba por tus ojos,
que, pensativos y serenos,
parecían mirar los minutos desde lejos.
 
Caminaba por tus labios,
rubicundos y pomposos,
y mientras los tocaba
dejaron pendiente una sonrisa.
 
Caminaba por tu cuello
y resbalé inocente
por esa cascada de piedras
que hace camino a tu pecho.
 
Caminaba por tu pecho
y quedé atrapado
en la dulzura de tus senos.
 
Caminaba por tus senos
y en las crestas afiladas
se perdieron mis recuerdos.
 
Caminaba y caminaba.
Caminaba dormido
y desperté vencido
hundido en tus secretos.
 

Lugh Landrus

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Amante impenitente

¡Te deseo!
A solas te deseo.
 
Te deseo con ese amor de amante.
Te deseo con la delicia del pecado.
Te deseo con el mayor de los descaros.
Te deseo de la manera más imprudente.
 
Sueño que somos amantes y nos amamos.
Lo hacemos en cada rincón de mi mente.
A escondidas nos amamos.
Sin escrúpulos,
con la boca y con las manos.
Una y otra vez
de manera recurrente.
 
Es un sueño, una danza,
son dos almas encorvadas
entregadas a la furia
de dos cuerpos en matanza.
 
Es un juego intenso
lleno de fervor.
Es un amor divino
crudo y sin pudor.
 
Te amo a solas
con detalles indecentes.
Voy cabalgando entre sueños
como un amante impenitente.
 

Lugh Landrus

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Te dejo besos

Te dejo besos
recorriendo tu hermosura.
Besos de mis labios
haciendo travesuras.
 
Te dejo besos esparcidos,
besos por doquier.
Besos atrevidos
para que te sientas mujer.
 
Te dejo besos escondidos,
besos clandestinos.
Besos que te embriaguen
como lo hace el vino.
 

Lugh Landrus

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Cuando

Cuando camines
encontraras mis pasos.
 
Cuando sonrías
encontraras mi alegría.
 
Cuando duermas
encontraras mis sueños.
 
Cuando abras tus labios
encontraras mis besos.
 
Cuando vengas yo iré a ti
y danzaremos al unísono,
acoplados en secreto.
 
!vamos querida¡
Hasta agotar la noche
y despertar con el día.
 

Lugh Landrus

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