Laberinto

Deja que esta tarde nuestras soledades se acompañen, que nuestros  deseos coincidan en un mismo laberinto (aquel que imaginamos muchas veces en secreto y donde yace escondido el umbral de lo real y lo divino); sería oportuno prestar nuestras horas para recorrer todos tus caminos con estas manos inquietas, y tú los míos, con tus labios untuosos siguiendo las rutas sedosas entre vellos enhiestos y poros hundidos; hurgar las ganas inconfesas, y, en igual instante, llegar a un mismo destino.

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