Laberinto


Deja que esta tarde nuestras soledades se acompañen, que nuestros  deseos coincidan en un mismo laberinto (aquel que imaginamos muchas veces en secreto y donde yace escondido el umbral de lo real y lo divino); sería oportuno prestar nuestras horas para recorrer todos tus caminos, con estas manos inquietas, y tú los míos, con tus labios untuosos por las rutas sedosas entre vellos enhiestos y poros hundidos; hurgar las ganas inconfesas, y,  en igual instante, llegar a un mismo destino.

Anuncios

Gracias por tu comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s