Laberinto


Deja que esta noche nuestras soledades se acompañen,
que nuestros deseos coincidan en un mismo laberinto;
aquel que imaginamos muchas veces en secreto
y donde yace escondido el umbral de lo real y lo divino.

Sería oportuno prestar nuestras horas
para recorrer todos tus caminos
con estas manos inquietas,
y tú los míos,
con tus labios caprichosos
siguiendo las rutas sedosas
entre vellos enhiestos
y poros hundidos.

Hurgar las ganas inconfesas, y,
en igual instante,
llegar a un mismo destino.

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